Psicología de la educación del adulto
La psicología de la educación infantil se basa en un supuesto clave: para educar bien a un niño, primero hay que "educar" a uno mismo. Esto significa que primero debemos ser conscientes de nuestras propias imperfecciones.
Cada adulto lleva consigo ciertas características que se pueden considerar formas suaves de trastornos de la personalidad, como el control excesivo, el miedo, la necesidad de reconocimiento o las dificultades para regular las emociones. No todos los tienen en el mismo grado, pero están ahí y afectan nuestra forma de reaccionar. Si no somos conscientes de ellos, los transferimos automáticamente al niño.
El proceso de educación a menudo se convierte en una "clonación" inconsciente de nosotros mismos. El niño adopta no solo nuestros valores y comportamientos, sino también nuestros miedos, patrones de pensamiento y formas de manejar las emociones. Repetimos lo que hemos experimentado nosotros mismos, incluso si fue difícil para nosotros.
La paternidad consciente consiste en detener este mecanismo. Lo fundamental es:
- reconocer nuestros propios trastornos y sus orígenes,
- aceptar nuestras propias limitaciones,
- trabajar en cambiar los patrones dañinos.
Solo entonces la educación deja de ser una repetición de errores y se convierte en un proceso de desarrollo, tanto para el niño como para el adulto.
Psicología de la educación infantil
- Los niños aprenden principalmente por observación. Tu comportamiento tiene mayor influencia que cualquier declaración.
- Independientemente de la cultura, los niños se desarrollan mejor en un entorno basado en respeto, sensación de seguridad y empatía.
- Un niño no necesita padres perfectos, solo previsibles y emocionalmente seguros. La calma y la coherencia son más importantes que la perfección.
- Crea un entorno libre de miedo para el niño.
- Protege a los niños de las malas personas y los peligros. Eres su única esperanza.
- Establece límites claros, le dan al niño sensación de seguridad. La falta de límites no es libertad, es caos.
- Recuerda que el niño no es tu propiedad, vive para sí mismo. Enséñale a vivir de manera que pueda valerse por sí mismo cuando ya no estén tus sabios consejos. Permite que el niño sea diferente a ti.
- La educación es un proceso. No educarás a un niño aquí y ahora. No exijas comportamientos donde la seguridad del niño no esté en peligro.
- La disposición a admitir un error y cambiar de enfoque es señal de fuerza, no de debilidad.
- Lo más importante no es si haces todo bien, sino la calidad de la relación con el niño. Sin ella, nada funcionará.
- Permite que el niño cometa errores, experimente. No hagas todo por él.
- Responde a las preguntas que hace el niño, no impongas la dirección del pensamiento, sigue el pensamiento del niño.
- Enseña cooperación, no solo éxito individual
- No elimines todas las dificultades del camino del niño, solo las peligrosas.